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Campos eólicos marinos en Yucatán: ¿El tesoro de México?

Actualizado: 1 mar 2022

En 2008 el gobierno de México comenzó una campaña publicitaria buscando el apoyo popular para promover la reforma energética que nunca llegó en el sexenio de Calderón. Esta campaña utilizó el lema de “tesoro de México” para referirse a las potenciales reservas energéticas del país escondidas en aguas profundas del Golfo de México (en esta liga pueden ver el anuncio del gobierno: https://bit.ly/tesoroprofundo). A cuatro años de esa campaña, se anunció desde presidencia que ya se habían encontrado las primeras reservas (https://bit.ly/Calderonanuncia), no obstante, el actual director de PEMEX, Octavio Romero Oropeza, informó en diciembre de 2021 que no se ha encontrado el presunto tesoro (https://bit.ly/nohaytesoro). Hasta la fecha seguimos sin disfrutar de las bondades que representaba dicho “tesoro”.

Actualmente, el gobierno de López Obrador sigue apostando al uso del petróleo como el motor de la economía, lo cual es comprensible al ser un recurso valioso, pero ¿los hidrocarburos son realmente nuestro “tesoro”? Con la explotación y uso de hidrocarburos seguimos contribuyendo al deterioro del planeta, sabiendo que impacto del hombre sobre el cambio climático es inequívoco y que los combustibles fósiles son la principal fuente de gases de invernadero (Sexto informe de evaluación del IPCC – Bases físicas). ¿No podríamos buscar un tesoro que sirva como motor económico y al mismo tiempo ayude a lograr la seguridad energética del país, además de contribuir a mitigar el calentamiento global?


En 2010, al poco tiempo de crearse el Laboratorio de Ingeniería y Procesos Costeros, en la Unidad Académica de Sisal del Instituto de Ingeniería, comenzamos un proyecto encargado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para estudiar los vientos en la capa límite en la costa de Yucatán, dirigido por el Dr. Bernardo Figueroa Espinoza, y posteriormente emprendimos varios estudios sobre las brisas liderados por el Dr. Alec Torres Freyermuth y la Dra. María Eugenia Allende Arandia. Estos trabajos indican vientos intensos y persistentes sobre la península de Yucatán, lo cual aunado con el trabajo de Gille et al. (2003), que muestra a las brisas de la Península de Yucatán como unas de las más intensas a nivel mundial, nos indican al viento como un importante recurso en la zona. Así, no es de extrañarse que con estos vientos las empresas de energía se hayan interesado en establecer campos eólicos en Yucatán, realizando gestiones para la adquisición de tierras desde el 2008.


A pesar de la riqueza que suponen los intensos vientos, establecer parques eólicos en Yucatán ha sido complicado debido a impactos sobre el medio ambiente y las resistencias comunitarias y ciudadanas al establecimiento de los parques eólicos sobre tierras ejidales. Gran parte de las tierras en Yucatán son ejidales (de uso común) y eso deriva en grandes conflictos cuando las empresas llegan con una visión extractivista, como ha sucedido en el Istmo de Tehuantepec (Zárate-Toledo et al. 2019). Por otro lado, Yucatán es un estado con una gran biodiversidad y la instalación de campos eólicos implica la deforestación de la selva baja caducifolia que alberga gran parte de la riqueza de flora y fauna del país, amenazando a la biodiversidad. Independientemente de estos impactos potenciales, la reforma energética presentada en 2013 por el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, y aprobada ese mismo año, permitió que se concretará la instalación de los parques eólicos que ahora operan en Yucatán.


Pensando en el potencial eólico marino (comúnmente referido como offshore) y los posibles conflictos en la instalación de parques eólicos en tierra, en el 2012 comencé a platicar con distintos actores sobre el tema de los parques eólicos. Me llamaba la atención que mientras en la mayoría de los países se instalaban parques eólicos marinos, en México no volteáramos al mar y siguiéramos afrontando los conflictos ambientales y del uso de tierras de manera convencional (manifestaciones de impacto ambiental como simples trámites y buscando pagar poco por las tierras, dejando el menor beneficio posible). Ingenieros en la Gerencia de Ingeniería de CFE me comentaron que sí tenían en mente el potencial offshore del viento, pero los costos elevados de instalación lo hacían imposible; profesionistas en la iniciativa privada me decían que eso nunca iba a suceder por los altos costos; académicos decían que en Europa se iban al mar por falta de tierra y que si pudieran no lo harían para ahorrar costos. Parecía que el costo solo tiene que ver con lo que cuesta la inversión y la operación inmediata, pero no a largo plazo considerando los problemas potenciales de afectaciones y conflictos agrarios. ¿Qué no habíamos aprendido de la experiencia trágica en el Istmo de Tehuantepec donde los conflictos por tierras conllevaron la salida de ciertas empresas? ¿Por qué no se considera hasta ahora el costo ambiental que supone la degradación del ambiente? A la larga, me parecía que los costos de instalar parques marinos no debían ser tan altos y los beneficios muchos. Así, empecé a promover las bondades de los parques offshore, e incluso en 2018 le hice llegar una carta al entonces presidente electo López Obrador, a fin de que continuara con su plan de usar los recursos de hidrocarburos, pero que buscara impulsar lo que yo considero el verdadero tesoro de México: El recurso eólico en la plataforma continental de Yucatán. A continuación, intentaré explicar por qué lo considero de esta manera.


La plataforma de Yucatán, a pesar de no ser la más grande del mundo, es posiblemente la que tiene mayores extensiones a baja profundidad. Para visualizar la plataforma de Yucatán, piensen que a 10 km de la costa tenemos entre 10 y 15 m de profundidad y que la profundidad de 40 m se alcanza entre 60 y 100 km de la costa. Si consideramos que por aspectos visuales no debemos instalar aerogeneradores a menos de 10 km de la costa, y que a más de 40 m de profundidad es necesario instalar aerogeneradores en plataformas flotantes, podríamos decir que la zona entre 10 y 40 m de profundidad se podrían instalar parques eólicos con relativa facilidad (Figura 1). Con esto, ¡tendríamos más de 3 millones de hectáreas para instalar campos eólicos marinos! Si comparamos esta extensión con la superficie del estado de Yucatán, representa un área equivalente al 70% de la superficie de Yucatán. Si bien sería absurdo pretender instalar aerogeneradores en toda esa zona, como un ejercicio para entender lo que representa esa plataforma somera, podemos pensar que bajo condiciones de diseño estándar se podrían instalar hasta 2,700 aerogeneradores podrían generar más de 11,000 MW, posicionando a México como el tercer productor de energía eólica a nivel mundial, después de China y E.E.U.U. ¿Podríamos acaso pensar que en tierra tendríamos disponibilidad de estas extensiones de tierra? La respuesta es claramente no.

Figura 1. Curvas de elevación cada 10 m mostrando una franja donde se podrán instalar aerogeneradores considerando la zona entre 10 y 40 m de profundidad frente a las costas de Yucatán.

Si pensamos en la instalación de parques eólicos marinos podemos olvidar los conflictos de tierra, ya que no hay propiedad privada o comunal. Esto no quiere decir que el mar esté libre de conflictos, ya que hay rutas de navegación y zonas de pesca importantes para la comunidad de pescadores de la península. El tema de rutas de navegación se puede resolver de manera sencilla al ser rutas bien establecidas y se pueden planear los campos eólicos en torno a ellas. El problema de la pesca puede resultar más complejo, por lo que es necesario buscar que se den sinergias entre ambas actividades. No obstante, sabemos que al poner una estructura en el mar, rápidamente es colonizada por las especies marinas (por eso los barcos hundidos son lugares de buceo recreativo), con lo que se podrían diseñar los pilotes de las plataformas de manera que tengan configuraciones atractivas para las especies de flora y fauna marinas, con el fin de generar zonas de refugio que impacten positivamente sobre las pesquerías. Yendo un poco más lejos, se podrían establecer zonas de veda alrededor de ciertos parques eólicos para que funcionen de manera análoga a zonas protegidas, para repercuta de manera positiva sobre las pesquerías. Estoy convencido que se puede lograr una sinergia que reditúe en las pesquerías.


La generación de zonas de refugio y sustrato para la vida marina es un impacto positivo sobre el medio ambiente, pero también tenemos impactos negativos potenciales. El principal riesgo ambiental es el de las aves migratorias. Estamos ante un corredor de aves migratorias que vienen de Norteamérica a pasar sus inviernos en el sur y un campo eólico marino supone un grave peligro para estas aves. Sin embargo, existe tecnología probada para mitigar los impactos, como son los radares que identifican las parvadas de aves para ralentizar y detener el movimiento de las aspas. Incluso para el Mar del Norte, donde existen distintas rutas migratorias de aves, se están desarrollando sistemas de predicción de las rutas migratorias que tomaran las aves, así como radares que detectan la altura de los vuelos, a fin de optimizar las operaciones de los rotores y no necesariamente tener que detener todo el campo eólico. En la zona offshore, es más común encontrar aves migratorias con rutas definidas, que aves individuales, por lo que incluso será más sencillo reducir la mortalidad de aves que en campos eólicos terrestres. Así, los avances tecnológicos indican que el tema de las aves migratorias tiene solución.


Con base a lo descrito anteriormente, los parques eólicos marinos en la plataforma de Yucatán presentan muchas bondades, ya que se eliminan los problemas de tierras y el impacto en el medio ambiente puede ser beneficioso, siempre y cuando cuidemos el tema de las aves migratorias. Sin embargo, estas no son las únicas ventajas, tenemos también un potencial eólico muy alto y un mar de baja energía. El tema del potencial eólico alto es claramente importante ya que se traduce en la energía que podemos extraer, pero tener un mar poco energético es una ventaja enorme sobre otros campos marinos en el mundo. Por ejemplo, la zona sur del mar del Norte es donde existen una gran cantidad de campos eólicos, y en esta zona el oleaje promedio va de 0.8 a 1.6 m (Figura 2a), y el 1% más alto del oleaje está entre 3 y 6.5 m (Figura 2b), esto causa que los parques estén en zonas de alta energía de oleaje, complicando las maniobras de mantenimiento e incrementando los costos. Por otro lado, la plataforma de Yucatán presenta un oleaje medio de aproximadamente 1 m (Figura 3a), con el 1% más alto de oleaje entre 2 y 3.5 m (Figura 3b). Además, la frecuencia de tormentas es mucho mayor en el Mar del Norte que en la plataforma de Yucatán. Así, la plataforma de Yucatán presenta condiciones ideales para operar los parques eólicos marinos.


Figura 2. Localización de parques eólicos marinos en el Mar del Norte (zonas rojas) de acuerdo a la Agencia Ambiental Europea, donde se muestra a) la altura media de oleaje y b) el percentil 99, de acuerdo a Grabemann y Weisse (2008).
Figura 3. Altura de ola significante a) media y b) percentil 99 para la plataforma de Yucatán de acuerdo con el hindcast de oleaje de Appendini et al. (2014).

Un tema que no se puede dejar de lado es el potencial eólico, ya que no tiene caso hablar de parques marinos si no hay una justificación con relación al recurso que se busca explotar. Con este fin, la Ing. Estefanía García Caballero realiza su investigación de maestría caracterizando el potencial eólico en la Península de Yucatán. En su trabajo hace una evaluación del recurso eólico basándose en un reanálisis atmosférico para poder poner en contexto el potencial eólico marino en Yucatán con otros parques eólicos en Europa y con el parque Eólica Golfo 1 en Dzilam de Bravo. En dicha evaluación encuentra una potencia disponible en la zona marina de Sisal comparable con algunos parques europeos, pero más importante, encuentra que el potencial disponible representa un incremento por encima del 300% con respecto al parque Eólica Golfo 1. Posteriormente hace una caracterización del recurso eólico utilizando los datos de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU) proporcionados por el Dr. Markus S. Gross (QEPD) y la Dra. Vanesa Magar Brunner del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada. En su estudio identifica las zonas de mayor potencial, donde se observa como el potencial eólico es mucho menor en cuanto los vientos actúan sobre la tierra (Figura 4). Esta claro que el potencial eólico marino no se compara con la disponibilidad de este recurso en tierra.


Figura 4. Potencial disponible del viento a 100 m de altura en la Península de Yucatán.

Hasta ahora todo parecería indicar que solo hay bondades de poner parques eólicos marinos en la plataforma de Yucatán, sin embargo, no podemos ignorar el peligro que representan los ciclones tropicales. La Península de Yucatán está expuesta a los huracanes y el calentamiento climático hará que aumente la probabilidad de impacto de eventos de altas intensidades (Appendini et al. 2019). Si bien considero que el impacto de un huracán tendrá peores consecuencias si se destruye un parque eólico terrestre en comparación de uno marino, no podemos ignorar este peligro. El estándar internacional IEC 61400-1, desde su tercera edición emite recomendaciones de diseño en zonas de ciclones tropicales, además se trabaja en tecnologías para afrontar el reto que implica la presencia de los ciclones tropicales. No obstante, es importante destacar que aunque la Península de Yucatán esta expuesta a los ciclones tropicales, su mayor exposición es la vertiente del Caribe, y la mayoría de los eventos que impactan la plataforma de Yucatán, al menos frente al estado de Yucatán, son eventos que entran por Quintana Roo, se debilitan en tierra y salen al mar en la plataforma con intensidades bajas. Hay excepciones como el caso de Gilberto en 1988, pero no son comunes. La climatología de ciclones tropicales elaborada por Appendini y Ruiz-Salcines (2021) muestran que la zona noroeste de la plataforma de Yucatán, la de mayor potencial eólico, es una zona que no es tan afectada por ciclones tropicales (Figura 5), con lo que la probabilidad de afección es menor que incluso las zonas del norte del Golfo de México en donde E.E.U.U. planea campos eólicos marinos. Saliéndome un poco del tema, la sonda de Campeche es donde está la menor probabilidad de impacto de ciclones tropicales y donde esta la mayor extracción de hidrocarburos del país; otra idea es instalar campos eólicos en dichas zonas para suministrar de energía a las actividades de extracción de petróleo, esto reduciría la emisión de gases de invernadero y son acciones que pudieran implementarse al corto plazo.


Figura 5. Densidad de kernel de las zonas donde se alcanzan categorías de a) tormenta tropical a huracán categoría 5, y b) huracanes categoría 3 a 5.

Resumiendo, tenemos empresas interesadas en invertir recursos para la extracción de energía eólica en la Península de Yucatán; algunas de estas ya están operando parques eólicos terrestres. No obstante, la instalación de parques eólicos terrestres tiene serios retos relacionados con el medio ambiente y la sociedad. Por otro lado, tenemos que el recurso eólico marino en la plataforma de Yucatán es más de un 300% mayor que en tierra y que la plataforma de Yucatán es una extensión inmensa. La instalación de parques eólicos marinos podría servir para detonar la pesca, y se reducirían los problemas sociales por las tierras. La extensión sobre la cual se podrían instalar parques marinos nos llevaría a ser el mayor productor de energía eólica en el mundo. Con esa posible producción, aceptando los retos impuestos por ciclones tropicales y las aves migratorias, debemos seguir pensando que el tesoro de México esta en aguas profundas del Golfo de México y continuar contribuyendo con gases de invernadero en la atmósfera, o podríamos ir por la ruta de las energías renovables, en la plataforma de Yucatán, la cual estoy seguro es la envidia de países líderes en energía eólica. Entonces, ¿Dónde quedó el tesorito?



Referencias bibliográficas


Appendini, C. M., y P. Ruiz-Salcines, 2021: Climatología de ciclones tropicales en México. Colección. R. Silva-Casarin, G. Posada-Vanegas, J. Gutiérrez-Lara, and A. Felix-Delgado, Eds. CEMIE-Oceáno, 116 pp.


Appendini, C. M., A. Torres-Freyermuth, P. Salles, J. López-González, y E. T. Mendoza, 2014: Wave climate and trends for the Gulf of Mexico: A 30-yr wave hindcast. J. Clim., 27, 1619–1632, https://doi.org/10.1175/JCLI-D-13-00206.1.


Appendini, C. M., R. Meza-Padilla, S. Abud-Russell, S. Proust, R. E. Barrios, y F. Secaira-Fajardo, 2019: Effect of climate change over landfalling hurricanes at the Yucatan Peninsula. Clim. Change, 157, https://doi.org/10.1007/s10584-019-02569-5.


Gille, S. T., S. G. Llewellyn Smith, and S. M. Lee, 2003: Measuring the sea breeze from QuikSCAT Scatterometry. Geophys. Res. Lett., 30, 3–6, https://doi.org/10.1029/2002GL016230.


Grabemann, I., y R. Weisse, 2008: Climate change impact on extreme wave conditions in the North Sea: an ensemble study. Ocean Dyn., 58, 199–212, https://doi.org/10.1007/s10236-008-0141-x.


Zárate-Toledo, E., R. Patiño, y J. Fraga, 2019: Justice, social exclusion and indigenous opposition: A case study of wind energy development on the Isthmus of Tehuantepec, Mexico. Energy Res. Soc. Sci., 54, 1–11, https://doi.org/10.1016/j.erss.2019.03.004.





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